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Cindy Cats, el fenómeno argentino que ha convertido la jam session en un nuevo espacio para el pop

El colectivo reúne a músicos habituales de las grandes giras latinoamericanas y transforma canciones conocidas mediante improvisación, nuevos arreglos e invitados inesperados

Published on 16 Oct 2026

En la industria musical, quienes ocupan el centro del escenario suelen concentrar todas las miradas. Sin embargo, detrás de cada gran artista existe una red de instrumentistas, directores y productores que resulta decisiva para construir su sonido. Cindy Cats nace precisamente cuando varios de esos músicos deciden abandonar el segundo plano y crear un proyecto propio.

El colectivo argentino ha convertido la jam session en un formato capaz de conectar el jazz, el funk, el rock, el pop y la música urbana. En lugar de ofrecer un concierto cerrado y completamente previsible, propone encuentros en los que canciones conocidas cambian de forma mediante la improvisación, los nuevos arreglos y el diálogo entre generaciones.

Su crecimiento ha llevado el proyecto desde espacios pequeños de Buenos Aires hasta escenarios como Obras y el Microestadio de Ferro. En noviembre de 2025, Rosalía asistió como público a una de sus sesiones, una noche en la que participaron artistas como Emilia Mernes, Trueno, Diego Torres y Emmanuel Horvilleur. 

¿Qué es exactamente Cindy Cats?

Cindy Cats se define como un colectivo argentino de músicos que utiliza la jam session para crear encuentros entre artistas, generaciones y culturas. Su propuesta no depende de un único cantante principal ni se limita a interpretar un repertorio fijo. 

La base del proyecto está formada por instrumentistas y productores acostumbrados a trabajar en giras, estudios de grabación y direcciones musicales. Entre los nombres vinculados al núcleo del colectivo aparecen Pedro Pasquale, Axel Introini, Francisco Alduncin, Felipe Herrera, Julián Gallo, Gonzalo Palacios y Carlos Salas. 

La música se construye desde una formación estable, pero cada encuentro incorpora artistas invitados y modifica la combinación de estilos. Esa estructura permite conservar una identidad reconocible sin que dos sesiones sean exactamente iguales.

El resultado se sitúa a medio camino entre una banda, una jam de club y una plataforma colaborativa. El público no acude solamente para escuchar canciones, sino para comprobar qué sucede cuando músicos procedentes de contextos diferentes empiezan a reaccionar entre sí.

Los músicos que normalmente no ocupan el primer plano

Una de las claves del fenómeno reside en el perfil de sus integrantes. Son profesionales que trabajan o han trabajado alrededor de figuras destacadas de la música argentina y latinoamericana.

Según las fuentes consultadas, los miembros de Cindy Cats han desarrollado su actividad junto a artistas como María Becerra, Nicki Nicole, Duki, CA7RIEL, Tini Stoessel, Lali Espósito, Dante Spinetta, Emmanuel Horvilleur y Trueno. 

Esa experiencia explica buena parte de la solvencia del colectivo. Sus integrantes conocen las exigencias de una gira de gran formato, la disciplina de una sesión de estudio y la necesidad de adaptarse rápidamente a intérpretes con lenguajes muy distintos.

En Cindy Cats, ese conocimiento deja de estar al servicio exclusivo de una estrella y se convierte en el centro de la propuesta. El músico acompañante pasa a ser creador, director e improvisador visible.

Ese desplazamiento también modifica la forma de observar una actuación. La atención ya no se dirige únicamente hacia quien canta, sino hacia la batería, el bajo, los teclados, las guitarras, la percusión y las decisiones que transforman la canción en tiempo real.

La improvisación como lenguaje popular

La jam session está históricamente relacionada con el jazz, pero Cindy Cats traslada su lógica hacia canciones y géneros reconocibles para públicos más amplios.

El colectivo combina repertorio propio con versiones y relecturas. En sus actuaciones pueden convivir elementos acústicos y electrónicos, además de pop, rock, funk, jazz, hip-hop, música urbana y folclore. 

Las canciones no se interpretan necesariamente de acuerdo con sus grabaciones originales. Pueden cambiar el ritmo, prolongar una sección instrumental, incorporar otro género o transformarse mediante la entrada de un nuevo invitado.

Ahí se encuentra una de las razones de su atractivo: el público reconoce el punto de partida, pero no conoce el destino. La improvisación introduce un margen real de incertidumbre dentro de una industria del directo cada vez más diseñada, sincronizada y ensayada.

La propuesta recupera también una idea esencial de la música en vivo: escuchar y responder. Los músicos no se limitan a ejecutar sus partes, sino que ajustan su interpretación a lo que ocurre a su alrededor.